Un dia en Uribelarrea

Dos semanas atrás, pase un día en lo verde en las afueras de Buenos Aires. Un día fuera de la ciudad, del estrés, un día de campo como se dice. Un día que quería compartir con ustedes para que descubran el pueblo de Uribelarrea, pintoresco, con su encanto del pasado y a la vez su animación los fines de semana y feriados.

 

Era un martes feriado justamente y hacía calor. Demasiado calor para pensar pasar el día entero en Capital, pero una lástima quedarse encerrados en el hotel. Entonces decidimos no ir muy lejos, pero cambiar de aire y Uribelarrea fue la solución perfecta para esto. Me lo recomendaron para desconectarse y no me decepcionó.

Este pueblito rescató su onda de pueblo. Viejos edificios de ladrillos, abandonados a veces, una placita, caballos a cada esquina, compras y ventas, parillas… Las tiendas tienen una tipicidad, como estos almacenes con sus techos altos y donde puedes comprar de todo. Los locales vienen a sentarse en la sombra de los árboles en la plaza, y los turistas a pasear mirando lo que venden las tienditas del mercado: artesanías, miel, quesos, fiambres…

El pueblo se anima cuando los porteños vienen para escapar de la locura de la ciudad y buscar un poco de verde. Los restaurantes se llenan, ofreciendo asados, a veces libres. Las terrazas se vuelven ruidosas. Algunos hasta transformaron su casa, su vereda, o su jardín en una tiendita, donde exponen pieles de cordero y otros objetos típicos del campo, que hoy se usan como adorno. Los restaurantes abrieron en las que solían ser casas grandes coloniales de familias ricas, no se renovaron (un toque de pintura nada más) y todavía tienen su aspecto original. Todavía se puede imaginar la vida que hubo adentro en la época, los chicos gritando, los nietos, las voces de los obreros agrícolas… y ahora de los turistas.

Hace calor. Sales dormido de haber comido carne con un buen Malbec y das unos pasos en el calor de las calles. Pasas la puerta de compras y ventas, que venden caro unos objetos que se encontraban antes en cualquier casa. Es lo mismo por todos lados, hasta acá la locura del vintage hizo subir la oferta y la demanda. Das marcha atrás de unas décadas y te imaginas como se vivía acá, en este pueblito argentino, hace como 20 años. Placer de mirar.

 

Saliendo, te encuentras cara con cara con un cordero atado ahí, masticando hierba. Las filas de coches que van y vienen te hacen acordar que hay que volver. Fin de la tarde, 30 grados, calor húmedo, languidez típica de América Latina. Un feriado con sabor a domingo.