Encantadora Lujan

 Se lo prometí, ¡vuelvo con una publicación nueva para hablar Viaje! No me fui muy lejos esta vez, pero igual tenía ganas de compartir con ustedes este día lleno de sol y de colores que pasé en Lujan, cerca de Buenos Aires.

 

Lujan está a unos 70 km de la capital argentina. O sea, nada cuando piensas lo grande que es este país, así que no tenía excusa como para no ir a pasar un día allí. No me arrepentí, Lujan es una linda ciudad para pasear un domingo, y sobre todo es famoso por su basílica neo-gótica y sus edificios coloniales.

La basílica

 Llegando a Lujan, hasta de lejos, se nota. La ciudad no es muy grande y las torres de la basílica se acercan a medida que te diriges hacia la plaza. Hay como un atrio grande, ancho, con vendedores, donde la estrella es este magnífico monumento edificado en honor a la Virgen de Lujan. Es protectora de los viajeros (con el Gauchito Gil) y podrán encontrar miles de cositas en venta re baratas que están para colgar en el coche y traer suerte a los que se van de viaje.

Les confeso que tuve ganas de ir a ver la basílica porque el incendio de Notre Dame de Paris ocurrió poco tiempo antes y fue como una señal para mí. No importa si creen o no, sinceramente, la visita merece la pena.

Bueno, atraviesan la plaza central y suben las escaleras de la basílica donde hay mucha gente. LA catedral es un punto de encuentro para muchos creyentes. La puerta de madera es majestuosa, con sus arreos. Tuve la suerte de entrar durante la misa, y los cantos y la música dieron a mi entrada algo mágico y muy emociante. Les cuento que la basílica es gigante, muy alta, con bóvedas y ojivas que te llevan la mirada hacia arriba. Impresionante, y muy bien cuidada, está construida alrededor de un coro que mira hacia la gente, y otro más chico que mira hacia atrás para los que quieren rezar en silencio.

No sabía dónde mirar porque por todos lados es belleza: madera tallada, escalera espiral con estatuas, mármol, dorados… Un viejo tocaba el órgano en un instrumento antiguo, era muy lindo para ver y escuchar.

Saliendo de la basílica, tienen una vista panorámica en la plaza donde está la estatua de San Martin al medio, y muchos edificios coloniales por toda la vuelta (muchos son museos).

La animación alrededor de la basílica sigue en las calles cercanas: vendedores de agua bendita, de medallas, de cruces, y objetos de todo tipo para los turistas, no siempre de buen gusto. ¡Hay mucha vida! Las parrillas están en competencia para llamar la atención de los clientes, las familias se sientan en los bancos para tomar mate mirando la basílica.

Las calles dejan adivinar el pasado colonial de la ciudad, con edificios de colores abandonados. El amarillo de las paredes ancianas contrasta con el azul del cielo y el verde de los jardines y los árboles. ¡Lujan está llena de colores! Si saben cómo y dónde mirar, ¡es un espectáculo para los ojos!

Al final de una calle, suben unas escaleras para entrar en el parque municipal. Un puente abandonado, sin salida, te lleva hacia el colegio de Nuestra señora de Lujan, que está cerrado al público: un edificio increíblemente hermoso, pero sin utilidad y no renovado, pero que podría sin duda tener un interés turístico si le prestaban más atención. ** NOTA : un lector del blog me indicó que el Colegio sigue funcionando, está bien mantenido adentro y merece la pena entrar para la visita (un día de semana) ** Otro camino tiene una bajada hacia el rio, lamentablemente descuidado, donde familias vienen a comer asado cada semana.  Pueden caminar a lo largo del rio, para pasear en el parque de diversión desafectado y sus parrillas. Por todos lados, hay humos: ¡casi es hora de comer!

Unas compra-ventas improvisadas se instalaron acá, la mirada de los turistas recorre los establos sin realmente fijarse en nada, divertida por algunos artículos vintage o un poco kitsch. Cien metros más adelante y se encuentran atrás de la basílica. El lugar es desértico, supuestamente si siguen todo derecho llegan a una zona más de campo: un hombre ofrece paseos a caballo para niños o turistas, vestido de la bombacha típica y de su boina. Otro parque de diversiones vacío recuerda que antes de la crisis, el lugar seguramente se animaba los fines de semana…

Damos la vuelta de la basílica, pasando por atrás, una parte muy parecida a la de Notre Dame de Paris con su forma de araña. La calle al lado tiene unos comercios con fachadas descoloridas, entre cuales un anticuario/compra-venta bastante caro y desagradable, y el hotel de la Paz, con su lindo frontón y su placa art-deco. De vuelta en frente a la basílica, elegimos un bar en San Martin y 9 de Julio para tomar un americano frente a la catedral, disfrutando desde lejos de la animación del domingo.

 

Lujan, ciudad colonial

Nuestros estómagos empezaban a manifestarse, y nos fuimos en búsqueda de una parrilla para comer. Nada complicado, como les dije, había mucho para elegir. Fue buena oportunidad para recorrer las pequeñas calles pavimentadas que separan los diferentes edificios: el museo colonial, el cabildo, el museo de bellas artes, el museo del transporte…Arcos, paredes blancas enmarcadas de colores vivos, jardines interiores… Encantadora y pintoresca, Lujan tiene algo más alma que otras ciudades argentinas gracias a sus edificios históricos.

Después de la belleza explosiva de la basílica, es un encanto discreto que está escondido en las calles de la ciudad: doblando en una calle, un viejo órgano escupe una música del pasado, jaula inesperada de una pareja de loros cansados. En un callejón, un viejito vende pastafloras caseras, el mate listo atrás para pasar la tarde. Gitanas tratan sin lograrlo de parar turistas para adivinar su futuro. Realmente, el ambiente de la ciudad de Lujan no se ve más por ningún lado en Europa.

Nos sentamos en una parrilla atrás del pabellón Balcarce, en la sombra de una galería. El lugar es agradable, un poco retirado, sobresaliendo arriba de los jardines verdes. Unos perros piden las sobras de platos demasiado llenos. Se termina el Malbec e las copas, recordando lo lindo que fue el día.

Nous nous sommes arrêtés dans une parrilla derrière le pavillon Balcarce, a l’ombre d’une tonnelle. L’endroit est agréable, un peu à l’écart du passage, surplombant des jardins verdoyants. Des chiens mendient les restes d’assiettes bien trop garnies. On termine le Malbec en pensant a tout ce que nos yeux ont vu depuis notre arrivée.

Multiples colores, ruidos, olores… Lujan es viva, pero conservó una tranquilidad bastante rara para argentina. Espero que los gobiernos futuros la cuidaran mucho, para que vuelva un esplendor pasada que todavía se puede adivinar…