Secretos del maté

Una de las cosas más típicas acá en Argentina (que comparten también otros países de América latina, cada uno a su manera) es el maté. Los argentinos toman maté como los ingleses toman té y los italianos café.

De hecho, una de las frases que más escuché acá es “Tomas mate?”. Cuando visitas a una amiga, cuando estás al trabajo, cuando vas a casa de alguien que ni conoces… Se toma maté en cualquier momento del día, a la mañana, antes de comer, a la tarde o a la tardecita, en coche para los viajes largos, en la calle, en la playa, en las plazas, en los patios, en las oficinas…

 

 

Es que esta bebida es muy especial, muy fuerte. Me acuerdo la primera vez que tomé mate, lo sorprendente que me pareció. Nada que ver con la suavidad del té, es mucho más intenso, pero tampoco es tan fuerte como el café.

Empecé a tomar mate antes de prepararlo yo de a poco. Y ahora me encanta seguir aprendiendo, mejorar y entender las diferentes costumbres de cada uno cuando ceba.

Ahora conozco más las marcas de yerba, las diferencias, si tienen mucho polvo o mucho palito. Sé que el agua no tiene que hervir, la pava se tiene que parar un poco antes. Y sabe mejor en una pava clásica que en la pava eléctrica.

Sé que hay diferentes mates, que es mejor en material orgánico (calabaza, madera…) porque se puede curar y toma más sabor que en un mate de cerámica o de plástico. Sé que hay diferentes bombillas, que se tapan más o menos.

Sé que teóricamente la yerba se tiene que repartir e inclinar en el maté de cierta forma, que el agua siempre tiene que entrar por el lado de la bombilla, y que no se tiene que mojar toda la yerba, para que dure más el mate.

 

Y también sé que un buen mate depende mucho de la persona que lo hace. Hay personas que ceban bien, que le ponen amor y aplicación. Estas personas preparan el maté como los japoneses preparan el té: es una ceremonia. Toman su tiempo. Manipulan la yerba despacito, la acomodan en el maté. Calientan el agua hasta el punto justo. Prueban dos o tres veces antes de compartir, cuando está perfecto. No se cansan de cebar durante un largo tiempo. Te ofrecen el mate perfecto, con esta espuma típica. Escuché esta leyenda que unos argentinos del norte (por el lado de Misiones, la “cuna” del maté) logran cebar mate todo el día sin cambiar la yerba y sin que se lave. Nunca lo vi, pero me queda la curiosidad.

El maté es algo social, pasa de persona en persona, “De boca a boca, de corazón a corazón” como me dijeron alguna vez. Y la forma de cebar o de tomar mate cuenta muchas cosas de cada uno. Hay gente que lo hace con apurro, mojando toda la yerba, ahogándola. Unos toman dos mates y ya lo dejan de lado, olvidándolo. Hay gente que toma mucho mate, lavado, sin que le importe. Algunos le echan burro u otra hierba para darle un poco de sabor – se dice que es más la gente de campo, a mí me encanta el burro. Hay gente que toma mate dulce con azúcar (muchas veces los más jóvenes cuando empiezan a tomar mate para acostumbrarse a este sabor amargo). Los más viejos muchas veces toman amargo, puede ser porque se tienen que cuidar y que “el azúcar hace mal”. Unos compran esa yerba saborizada (con hierbas, naranja…), o la van cambiando mucho aunque todavía tiene sabor.

 

Es algo lindo para mí ver como la gente toma mate, pase lo que pase. Argentina podría hundirse, o una bomba caer del cielo, que se seguiría tomando mate acá. Es como un ritual, una forma de crear condiciones para estar juntos y compartir un momento. Unas chicas se cuentan su día, sentadas al piso en una plaza, tomando mate juntas. Unos abuelos sentados adelante la puerta de su casa en la calle, tomando mate. Y cuando llegas para visitar a tu familia, ni bien llegas, lo primero que te ofrecen: un maté con bizcochitos de grasa.

 

Si hay ciertas reglas para tomar y hacer maté, lo que más me llamó la atención es que es una de las practicas más sociable del país. Tomar mate te permite acercarte a la gente, anula cierta distancia, y borra fronteras.

Me encanta ver la sorpresa de los argentinos cuando digo que sí tomo mate, y que me gusta amargo. Y siento que entender estas cosas que les conté acerca del maté y llegar a escuchar que cebas bien, acá en Argentina, es como pasar con éxito una prueba.