¿Cómo la expatriación cambió mi dressing?

Después de un post en Instagram, que nos hizo charlar entre varias chicas del tema de la ropa viviendo afuera, seguí pensándolo unos días y pensé que podía ser interesante hablarlo por acá.

Como sabrán, hace un año ahora que vivo en Argentina. Es corto para ciertas cosas (parecerse a una local, escuchar los tonos de los argentinos según su región de origen, entender la administración argentina…) pero es suficiente para darse cuenta de algo: desde que vivo acá, mi guardarropa cambió.

Vivía bien cómoda en mi ropa de francesa, y a pesar de que me mudé varias veces ya, esta vez sí sentí cuanto cada país puede ser diferente y nos define, hasta en la ropa que usamos.

Decidí hablarles de eso por acá en 2 partes, y primero quería decirles un poco más de lo que pude observar y porque me parece que ocurrió este cambio.

 

 

Condicionada

El sol, el calor, la humedad de Argentina.

El frio seco, la lluvia, el viento del Norte de Francia.

El barro, las calles de tierra, la tierra que vuela en Argentina.

Las calles asfaltadas, las veredas y las ciudades impecables de Europa.

¿Sigo o empiezan a ver la idea? Desde un año, pasando por las cuatro temporadas de mi nuevo país, dejé en el vestidor mis camisas de seda Equipment y pantalones Palazzo que hasta ahora usaba todo el verano. Ahora se gastan en las ramas de mi jardín. Uso y abuso de las musculosas cómodas y shorts todo terreno.

Las sandalias de cuero son para las salidas, mientras en casa solo uso ojotas, y crocs para el jardín (¿estamos al top de la elegancia no?). No se trata de renunciar sino de sentido común. Aunque te gusta vestirte bien (lo que seguro es su caso sino no estarías leyendo eso, y también es mi caso ya que lo escribí yo), la ropa tiene que ser cómoda y adaptada a la circunstancia. Traté de seguir usando ciertas prendas, pero me sentí a veces disfrazada, como que me miraban todos, y hasta me fui a cambiarme para usar algo más liviano, o menos delicado.

Lo mismo pasa con las joyas o accesorios, o la ropa de marca en general. Fuera del centro de Buenos Aires donde sí se pueden sacar fotos de streetstyle, me parece que acá la gente trata de no enseñar demasiado lo que posee. No se ven muchas carteras de marca llamativas, tampoco joyas… Para mí eso pasa por dos razones principales (aparte de que para mucha gente acá estas cosas son totalmente fuera de lugar/presupuesto con la crisis económica…):

  1. Te hace parecer a una turista con mucha plata, y eso fomenta estafas o que te quieren cobrar 1000 pesos algo que te hubieran cobrado 400 pesos si usabas un jeans y zapatillas viejas.

  2. Por cuestiones de seguridad, no está bueno llamar la atención en lo que posees si no quieres ser víctima de robo, hasta en la calle (pienso en aros o joyas de oro por ejemplo9. Las argentinas casi no usan joyas, menos de oro, y ya me pasó usar unas en la calle y que me digan que tenga cuidado…. ¡Es para pensarlo!

 

Un primer punto simple: su dressing va evolucionar más o menos según que haya más o menos diferencias entre los dos países. En mi caso, es poco decir que un océano los separa….

 

Nueva vida, nuevo ritmo

¡Chau oficina y casa en el centro! Mi lugar de trabajo y de residencia están los dos al campo. Y el campo francés no es el campo argentino. Aunque trabajo en oficina, 5 o 6 días a la semana uso ropa de trabajo. Con eso quiero decir las botas de seguridad, los jeans y la camisa gruesos y anchos… Pensaba que iba a usar mi propia ropa con el tiempo, pero tuve que aceptar la evidencia: n tenía ganas de ensuciar mis botas de cuero negro en el barro de la obra, tampoco de ver mis camisas y jeans achicarse por culpa del lavadero.

Lo malo en eso – aparte un cost-per-wear tremendo – es una severa depresión cada vez que veo mi querido guardarropa y que no puedo usar lo que hay adentro. La imagen en el espejo también lo sufre bastante.

Lo (único) positivo es que pude reducir mucho la cantidad de ropa que tengo en mi vestidor cuando me di cuenta que, los días libres, siempre elegía las mismas prendas. Y no usar me volvió menos sentimental con mi ropa y me ayudó comprar más efectivamente, así que al final cuando uso mi ropa el fin de semana soy más feliz todavía (¡lo disfruto como si fuera un lujo!).

Vivo en un departamento de la empresa a 500 km de mi domicilio, y cuando vuelvo a mi casa una vez al mes, trato de inventar unos looks para tenerlos listos. Llevo conmigo lo que me parece según el tiempo y las ocasiones del mes que viene (salida en Buenos aires o día de campo…). Ni necesito decirles que mis tacos no salen mucho del dressing y uso muchas más zapatillas que antes…

Expatriación significa también adaptación a otras costumbres de vida y hasta nuevo trabajo a veces. Eso puede modificar de forma radical su guardarropa, o a veces muy poco. Según los países, para un mismo trabajo, hay que vestirse súper formal o súper casual. No hay regla.

 

La oferta

Argentina es un país muy proteccionista todavía y los productos que entran en el mercado son muy restringidos. La moda no es excepción. Cuando llegué de Francia, no entendía la locura, hasta diría el fantasma que tenían todos los argentinos con ciertas marcas, las que no pasan la frontera (o solo pagando aduana) y que llaman “importados”, como si esta palabra fuera sinónimo de calidad.

Zara existe acá, pero es bastante caro, y es el caso para todas las tiendas que conocemos allá (Mango,…). Entonces, o elijes gastar mucha plata en ropa para seguir comprando en las mismas tiendas que siempre, o miras por el lado de las tiendas locales. Lógicamente, ¡su guardarropa evoluciona según lo que encuentran disponible para comprar!

La primera solución solo es media-solución creo: aunque vas en Zara porque ya conoces, te sentís cómoda, no vas a encontrar las mismas colecciones que en Europa. Tantas veces salí de los Zara argentinos porque todo me parecía feo y no entendía quién podía comprar eso. Y estoy convencida que a las argentinas no les gustarían los artículos de un Zara europeo.

 

En las tiendas locales puedes encontrar tesoros y también cosas con un corte malo en un poliéster muy al cuerpo y que te va a hacer traspirar, colores pasados y precios sorprendentes: “En serio? 1000 pesos para eso?” …

Después de un tiempo empiezas a entender porque el importado hace soñar acá. Yo tolero ciertas prendas compradas en estas tiendas si tienen linda caída. No espero que me duren mucho – aparte acá el sol mata los colores – pero me vienen bien para ir de compras, quedarme en casa o hacer yoga. Por lo menos no tengo miedo de ensuciarme o gastarla.

 

 Las argentinas

La moda en Buenos Aires no es la moda en Paris, y no es la moda en Milán, etc… ¡Parece lógico es tan cierto!

No se imaginan cuantas veces, apenas entré en un local, y sin hablar siquiera, ya me dicen “Vos no sos de acá”. Parece que se nota. Aunque uso una calza y unas zapatillas para hacerme la local, parece que se nota. No sé cómo tomarlo.

 

 

Bueno, si vas más allá de eso, te das cuenta que la moda realmente no tiene fronteras bien definidas. Yo nunca pensé que eso iba a pasar, pero la moda argentina empieza a alimentar mi estilo personal.

Ok, selecciono lo que me gusta, aprendo, y experimento. Hago prueba, a veces fallan (por ejemplo, las zapatillas a triple suela que eran tan de moda acá esta temporada y que obviamente vendí tan rápido como las compré) … (y no, todavía no caí en la moda de las plataformas argentinas, eso tampoco creo que pasará).

 

Sin caer en los estereotipos – muchas veces son falsos, créenme – la argentina es como más cuidada, pero usa menos accesorios que nosotras francesas. Cuenta más con tener el pelo lindo, poca joya, pero uñas siempre impecables.

Su estilo es más deportivo, usa calzas al cuerpo y zapatillas, aunque no está yendo al gimnasio. A veces la tela puede ser de mala calidad, pero lo compensa con esta languidez de acá, y una piel más bronceada…

 

Obviamente, eso te obliga a tener cierto nivel de mantenimiento del cuerpo y de tus cosméticos (no es tan fácil tener la piel linda, el pelo brillante…). Por otro lado, te da menos complejos en lo que se trata del look. Empiezas a evaluar la posibilidad de usar una musculosa deportiva con una pollera larga cuando, algún día en la calle, te cruzas con una argentina y ves que funciona bastante bien…

Al contrario de esta «elegancia francesa», la argentina no tiene problema en usar ropa deportiva cada día, si no se ve descuidada por otro lado. Y si en Francia algunas usan muchas joyas, pero tienen las uñas sucias (¡es verdad y lo vi más de una vez!), es algo que nunca vi acá.

Forzada a algo más simple - por las razones que vimos antes (económicas, practicas, seguridad…), la argentina trasforma eso en cierta sofisticación. Y me gusta esta idea.

Acercarse a si-misma con un estilo más espontaneo y menos complicado: ¿como no me va a gustar? (dice la chica desesperada por usar las prendas de su dressing francés). Bueno, pero es un camino. Y de eso algo guardé en memoria. Aunque mi Instagram todavía está lleno a 90% de cuentas europeas, me encanta tomar como inspiración unas argentinas del sector de la moda que manejan las asociaciones de colores, los cortes y los volúmenes.

@merisalinas es una de ella:

Mezclo lo que me gusta de la moda francesa con lo que me gusta de la moda argentina. Y termino pensando que la influencia del nuevo entorno, al final, me ayuda para encontrar MI propio estilo. Como si las cuentas volvían a cero. Basta de inspirarse de un modelo único. Frente a esas dos modas tan diferentes que se confrontan, mi tarea es de saber ver lo que me va, lo que forma parte realmente de mi guardarropa, y descartar lo demás. Y es bastante agradable ver que funciona y nos permite distanciarnos – de cierta forma – de los diktats. Como si la expatriación fuera una experiencia acelerada para encontrarse.

Sigo amando ciertas prendas que pasaron de moda en Francia antes de volver, pero que acá no quiere nadie: por ejemplo, la riñonera. Es tan cómoda que tengo una, no muy grande pero dorada, no muy discreta, y me hizo sonreír escuchar una jovencita argentina decirme cuanto le parecía pasada esta moda. Solo le contesté que me parecía tan cómodo tener las manos libres que no tenía problema en usarla igual. Lo que no le dije es que seguramente el año que viene volverá de moda también acá y lo único que va a querer es robármela! La moda es un mundo muy grande con fronteras porosas, créenme!

 

 

Si no hablaré de revolución en mi guardarropa, más bien diría que sí se vio un cambio sutil en mis costumbres para vestirme. Sufrido o aceptado, este cambio es el resultado de algo que llamaría nuestra adaptación al medio ambiente (el hombre siendo un indutus animalis!) :-)

También me sugiere que, hasta cuando piensas tener un control total de tu guardarropa, haber elegido tu estilo de forma consciente, tener tus propios códigos, siempre termina siendo el resultado de la influencia del medio? (y del marketing sin duda, estamos de acuerdo).

… O como tomar con más distancia y humildad esta frase típica que acaricia tu ego y tus oídos: “la elegancia francesa” …