¿Vamos al mar?

 Nací en la costa y pasé gran parte de mi vida en este lugar. Un patrimonio que se ha convertido, sin que me dé cuenta, en mi esencia, y realicé, unas semanas atrás, cuanto extraño al mar.

Hoy vivo en una ciudad de la costa argentina, pero primero no tiene acceso a la costa, y segundo eligió sacrificarlo para desarrollar un puerto industrial. Es así que vi desaparecer la posibilidad de ir a ver el mar cada vez que quiero, como lo podía hacer antes, tan fácilmente.

Obviamente, mis próximas vacaciones en Francia serán en la costa, y dentro de un mes voy a estar al paraíso. Pero mientras tanto, y porque es el fin de semana, tenía ganas de hacer una publicación “marinera”, para que no olvidemos como el mar puede calmarnos, hacernos soñar, alejarnos del día a día y renovar nuestra energía.

 

 

 

El mar es lindo en cualquier temporada en mi opinión. Pasé año nuevo en la costa argentina, cerca de Miramar y Mar del Plata, balnearios tan emblemáticos de Argentina. Llena de edificios, la costa me hizo acordar en las playas belgas, pero con sol. Tengo un recuerdo único, el de una siesta en la playa, un día de lluvia en una de estas carpas que alquilas para el día. No había nadie. El ruido de las gaviotas y de las gotas de lluvia en la tela. Dormí como nunca.

Vi Peru Beach, trozo de costa en el Barrio Norte de Buenos Aires. La playa es un lugar social, donde se reúne la gente. Vienen a tomar un trago en terraza, o un mate en el pasto, hacer kitesurf, y por supuesto lucir un poco. Los atardeceres son frescos pero hermosos.

El año pasado para el verano, fui a la costa Atlántica en Francia, en el Bassin d ´Arcachon. Hermosura de esta costa irregular, con sus pinos y sus playas de arena fina, sus casitas que se llenan durante el verano y donde se escuchan voces en el jardín, a la noche. Puede ser la hora más linda para ir a ver el mar.

Después, están estas playas anchas de Normandía, cerca de Saint Valéry. Tanta luz, tanto espacio.  Es lo que amo. Odio tener que hacerme lugar entre dos toallas en la playa para disfrutar el mar. Me gusta caminar en la playa o en el paseo, viento atrás, mirar los niños jugando y los perros corriendo.

Encontré esta misma sensación de espacio en las playas de Patagonia, pero con más desolación. Un ambiente único. ¡Una luz! Esta arena gris, casi negra, el mar tan azul. A veces unos pingüinos, y un poco de vegetación. Playas casi inhóspitas pero que son perfectas para la soledad y la meditación.

Y, está el mar romántico, el mar fuera de su naturaleza salvaje, casi domesticada. Es lo que vi en el puerto de Chania en Creta. El mar se hace olvidar. Poco ruido a ola, poco movimiento. Algunos pescadores. Pero, sobre todo, atardeceres rojos en un mar tranquilo. Obras de arte. Otro tipo de belleza marinera.

  

Eso es porque amo al mar, todos estos mares. Cada uno a su manera me ofrece un momento fuera del mundo, de felicidad, de descanso. Es el lugar perfecto que sea para caminar sola, reunirse con amigos para una fiesta, simplemente sentarse o correr y tirarse al agua…

Y si ustedes también extrañan al mar, les recomiendo para este fin de semana la serie Big Little Lies (ya les hablé de esta). El mar está presente a cada rato, es casi un personaje de la serie.

 

¡Acá les dejo y les deseo un muy buen fin de semana!